martes, 24 de agosto de 2010

Vértigo (Parte I)

Javi Aguilar©2010

Todos los derechos reservados
Ya puedo decir que he estado en la cima de la Peninsula Ibérica. Hace tan solo unos días tuve la ocasión de acompañar a dos deportistas amantes de la alta montaña, durante una travesía de dos días por Sierra Nevada. Antonio y César son dos autóctonos de la zona, que se conocen aquellas montañas como la palma de la mano, así es que parecía buena idea sumarse a la expedición. El objetivo: subir a las dos cumbres más altas de la Península... el Mulhacén (3.478m) y el Veleta (3.396m) y fotografiar el atardecer. Yo no soy un deportista que digamos, y cargar con equipo fotográfico hasta allí arriba prometía ser muy doloroso para mi, y más cuando no hay garantía de volver con resultados aceptables. Pero había que intentarlo.




Partimos la mañana del Jueves 19 de Agosto. El día se había levantado nublado pero las previsiones anunciaban la desaparición de las nubes. Nuestra ruta avanzaba y las nubes se convertían en una espesa niebla a medida que subíamos. Mal presagio para un fotógrafo cargado con dos cuerpos, dos objetivos, trípode y filtros, además del saco, la esterilla, agua, ropa, etc. Si no mejoraba el tiempo las fotos iban a ser un desastre, y mi espalda y mis piernas iban a pasarme factura inútilmente. Tenía que conseguir fotos a pesar de la espesa niebla, y aprovechando los colores de la ropa para atraer la atención visual, y usando las propias rocas en la composición pude obtener alguna imagen decente de la primera mañana:

Javi Aguilar©2010
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Estábamos en el Corral del Veleta. Para quienes no hayan estado nunca, la parte de la derecha de la imagen es la pared norte del Veleta, y a la izquierda hay un precipicio que pone los pelos de punta (en la foto de la derecha, justo detrás de Antonio y César)

El Veleta recibe su nombre porque proviene de 'balata', que significa cortado, en clara referencia a su pared norte, que tiene un precipicio de unos 500m de caída. Lástima que la niebla no deja ver el fondo en la foto.
Tocaba ponerse a caminar al ritmo de Antonio y César, puesto que nos quedaba un largo camino hasta los pies del Mulhacén, y para alguien con tanto vértigo como yo era el momento de apretarse algo más que la mochila para atravesar algunos de los neveros que nos encontramos por el camino. Confieso que la niebla me ayudó mucho en esta tarea. No servía de nada "mirar abajo"...la niebla lo tapaba todo, aunque el tamaño de los neveros que atravesábamos daba una idea de la magnitud del paisaje. A partir de allí la cámara no volvió a salir de la mochila hasta bien entrada la tarde. Después de varias horas caminando, llegamos al refugio de la Caldera (3.050m), a los pies del Mulhacén. La niebla persistía y el frío y el agotamiento empezaban a calarme. Aprovechamos para comer antes de seguir.



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Mis compañeros de aventura decidieron que antes de subir al Mulhacen íbamos a bajar a la Laguna de la Mosca (2.800m). Después del esfuerzo para arrastrarme hasta los 3.000m, volver a bajar me partía el alma... pero peor era la idea de tener que volver a subir después! Dejamos la mochilas y cogí la cámara y el trípode. Tras bajar por lo que cualquier persona consideraría una pared casi vertical, y tras deslizarnos por unos neveros (yo sin demasiado éxito por cierto) llegamos a la Laguna. Un precioso y solitario lugar. Pero otra vez la niebla nos arruinaba el paisaje. Cansado y desmotivado por arrastrar la cámara sin poder obtener imágenes decentes, monté el trípode y tomé algunas fotos de la Laguna mientras la niebla se hacía aún mucho más espesa.

Javi Aguilar©2010

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En pocos minutos la niebla se espesó de tal manera que no se veía casi nada más allá de los dos o tres metros por delante. Empezamos a subir otra vez de camino al refugio para poder emprender la subida al Mulhacén, pero el camino (la vereda como lo llaman por allí) se hacía cada vez más difícil de seguir y no conseguíamos seguirla. Y aquí es donde Antonio y César me demostraron que se conocen esas montañas mejor que su propia casa. Sumergidos en una espesísima niebla, perdidos del camino, enfilados en una pared de lastras sueltas de pizarra, y yo empezando a preocuparme seriamente... encontraron de nuevo el camino. Agotado y casi sin poder seguirles llegué de nuevo al pie del Mulhacén. La niebla persistía y estuve tentado de quedarme en el refugio pensando que la cumbre estaría igual de tapada. Por suerte, mis compañeros me animaron a subir e intentarlo... así al menos podría decir que había estado en la cumbre. Sin pensarlo más nos pusimos en camino... y valió la pena.

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Al llegar la nubes bajaron justo por debajo del pico, extendiendo bajo nosotros un manto de nubes que llegaba hasta el horizonte... Íbamos a tener una puesta de sol que bien valía el esfuerzo realizado para subir hasta allí. Antonio y César se enfilaron primero en el pilón y aproveché para hacerles unas fotos. Yo también me subí, pero en las fotos se me ve cómo clavo las uñas en el pilón víctima del vértigo... y es mejor que no las veáis :-)


Y por fin llegó el momento. La puesta de sol desde el punto más alto de la Península Ibérica. Los tres solos allí arriba contemplando cómo caía el sol sobre el manto de nubes. Cogí la cámara, le monté un 17-40L, un filtro degradado, el disparador, y la puse en el trípode.

Todo listo...

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A medida que el sol bajaba, el frío se hacía más acusado...

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... y llegó el momento de bajar al refugio, cenar e intentar dormir algo. El primer día había sido intenso, frío y agotador, pero valió la pena la recompensa.

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(Continuará.....)







1 comentario:

  1. pués vaya aventura!!! A mí también me ha dolido desde aquí cuando de los 3000 bajas a la laguna, jeje...
    Muy buenas las fotos... ya sabes... IM-presionantes...
    Lo de la ropa para crear contraste un gran detalle... yo también me aproveché del abrigo rojo de mónica en Ireland, detalles tontos aparentemente que realzan la foto...
    Por cierto, he oido hablar de un degradado inverso... lo utilizas?

    Saludos

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